lunes, 5 de octubre de 2009

El gran desconocido




 


 


 


 


 


Cada persona es un mundo y algunas incluso dos. Es sorprendente como a menudo nos encontramos con personas que niegan su propio ser estando vivas y muertas a la vez, no me refiero a que lo estén en todo su sentido, si no en situaciones en concreto... Las dos caras de una triste y alegre moneda a la vez. Totalmente vivos pero aparentemente muertos. Ese pensamiento me ha recordado el experimento de el gato de Schrödinger.


Uno de los experimentos más famosos de la ciencia jamás ha sido realizado. En 1935 Erwin Schrödinger, uno de los pioneros de la mecánica cuántica, imaginó lo siguiente: en una caja sellada se colocan un gato, un tarro de ácido prúsico (cianuro de hidrógeno), un átomo radioactivo, un contador Geiger, un relé eléctrico y un martillo. Si el átomo se desintegra, el contador Geiger detecta la radiación resultante y manda una señal que dispara el relé, que suelta el martillo, que rompe el frasco, con lo que el gato muere envenenado.


La clave del experimento está en que el proceso de desintegración del átomo es un proceso cuántico. La probabilidad de que el átomo se desintegre en un período determinado es conocida. Lo que no podemos es saber si se ha desintegrado en un momento dado y, por lo tanto, si el gato está vivo o muerto en ese momento; al menos hasta que se abra la caja. El animal existe en una “superposición” en la que está tanto vivo como muerto al mismo tiempo.


La intención de Schrödinger era esclarecer las paradojas del mundo cuántico. Pero la superposición existe realmente y es, por ejemplo, la base de la computación cuántica.


Buscando información al respecto me he encontrado con este artículo tan interesante...


"(...) El organismo que el equipo de Romero-Isart tiene en mente es el virus de la gripe. Habrá algún pedante que podría objetar que los virus no están realmente vivos, pero esa sería una argumentación más filosófica que científica, ya que tienen genes y son capaces de reproducirse, una capacidad que pierden si son dañados. La razón para escoger un virus es que es pequeño. La superposición de verdad (a diferencia de la del gato en la caja) es más fácil con objetos pequeños, ya que hay menos vías por las que puede romperse la superposición. Los físicos ya han puesto fotones, electrones, átomos e incluso moléculas enteras en este estado y medido el resultado. Desde la perspectiva de los investigadores un virus no sería otra cosa que una molécula particularmente grande, por lo que podrían usarse las técnicas existentes con éxito.


Aparte del tamaño, la otra cosa que ayuda a mantener la superposición es una temperatura muy baja. Cuanto menos se mueva y vibre algo debido a la temperatura (que es una medida del nivel de energía del sistema), más tiempo puede permanecer en superposición. Romero-Isart et al. proponen por tanto poner el virus dentro de una cavidad microscópica y enfriarlo hasta su estado de menor energía (su estado fundamental) usando un dispositivo llamado trampa láser. Esta ingeniosa técnica (que supuso el Nobel para sus inventores, entre ellos Steven Chu, actual secretario de energía de los Estados Unidos) funciona bombardeando un objeto con luz láser a una frecuencia justo por debajo de la que absorbería y reemitiría si estuviera estacionario. Esto ralentiza el movimiento, y por consiguiente la temperatura, de sus átomos hasta una fracción de grado por encima del cero absoluto.


Una vez que eso esté hecho, otro pulso láser empujará el virus de su estado fundamental a un estado excitado, de la misma forma en que un sólo átomo se excita moviendo uno de sus electrones de un orbital más bajo a otro más alto energéticamente. La clave del experimento está en la aplicación de este pulso láser, si se hace adecuadamente dejaría el virus, según los autores del artículo, en una superposición de sus estados fundamental y excitado.


Para poder llevar a cabo el experimento el virus elegido debe reunir ciertas características físicas. Deberá ser un aislante y transparente a la luz láser que deberá aplicarse. Y además debe ser capaz de sobrevivir en el vacío. Esos virus existen. El virus de la gripe es un ejemplo. Su resistencia es legendaria, puede sobrevivir a la exposición al vacío, y parece ser que es aislante, razones por las que los investigadores lo han escogido. Si el experimento funciona con un virus, esperan reproducirlo con algo que, indiscutiblemente, está vivo: un tardígrado.


Los tardígrados son poliextremófilos y son capaces de sobrevivir en entornos extremos que matarían a cualquier otro animal. Algunos pueden sobrevivir a temperaturas a décimas del cero absoluto, a temperaturas tan altas como 151ºC, a 1.000 veces más radiación que un humano, a cerca de un año sin agua e incluso al vacío del espacio.


A Schrödinger seguramente le habría hecho mucha gracia saber hasta qué extremos llegaría su jeu d’esprit."


Desde que estoy estudiando en profundidad la biología, los virus me llaman mucho la atención, son transportadores de información tremendamente resistentes, capaces de replicarse con facilidad usando un huésped. Son realmente interesantes la infinidad de debates que existen sobre si son seres vivos o no.


De todos modos no voy a entrar hoy en detalle en cuanto a los virus -me dejo el 'debate' pendiente- lo que verdaderamente me alucina es la asociación de pensamientos que podemos llegar a tener en un momento. Empiezas pensando en dos estados y terminas hablando de virus de una forma tan natural. ¿A quién no le ha ocurrido eso alguna vez?


Siemrpe buscamos explicaciones. La inabarcabilidad de la tan lógica mente humana pide abstracciones a gritos, modelos que no hacen más que recortarle un pedacito al Universo y ofrecérnoslo para que quizá, sólo quizá, podamos entenderlo un poquito más. Los seres vivos estamos formados por sistemas complejísimos, de lo más ingeniosos y que siempre mantienen una lógica absoluta con su entorno. Cuando no se les entiende, cuando se piensa en ellos como faltos de sentido, bueno, es que algo estamos mirando mal, algo se nos está escapando.


En fin... El cerebro humano sigue siendo el gran desconocido, por eso yo me quedo con la neurología veterinaria.

 

;-P


viernes, 2 de octubre de 2009

Frío bajo la piel...




Una noche más sin él.





lunes, 31 de agosto de 2009

Y... La vida sigue, el reloj no para y todo lo demás carece de importancia...



Me aferro al relato, a una vaga esperanza de cambiar las cosas, de volver a ser, a sentir.


 


“Ríndete, mujer, tienes la batalla perdida”, me repito una y otra vez. Nada de lo que hay en tu corazón –ni en el suyo- te hará caso. Nada.


 


Debería haber sido más discreto, pasar desapercibido, no salir de ningún saco, no, el error fue dejar que saliera. Podría haber sido uno más. Pero no, tuvo que mostrar sus habilidades.


 


Y de este modo; hablando idiomas distintos, tomando caminos divergentes, rompiendo ilusiones por absurdos recurrentes... Nos regalamos batallas perdidas, que dejan heridas a estas almas decididas a despojarse de la impotencia para quedarse en un bucle eterno de búsqueda sin encuentro.

domingo, 19 de julio de 2009

Cumpliendo años



Si tuviéramos la posibilidad de saber los días que nos quedan, si
supiéramos de antemano cuánto tiempo nos tocará vivir, ¿haríamos las
cosas de otro modo? Tal vez... No lo sé, porque nunca sabré cuando
llegará mi día. El aliciente es la tensión de vivir sin saber cuánto ni
cuándo, de aceptar el presente sin eludir el pasado ni el futuro.

¿Qué sueños se han perdido, qué cosas nuevas han surgido que no estaban
ahí? Los cumpleaños no son, a pesar de nuestra obsesión con ellos, más
que parte de un sistema mediante el cual lo medimos todo; el tiempo así
cuantificado se expresa en un número que suponemos debe decirnos algo.
Sin embargo, los cumpleaños cumplen una función: nos emplazan. La
cuestión es saber respecto a qué nos emplazan: En cuanto al mercado,
nos ubican en la franja de los empleados potenciales, de los de difícil
ubicación, de los útiles, los muy útiles, los poco útiles... Sin
embargo el mercado no es el único ámbito respecto del cual nos emplaza
nuestro cumpleaños: también nos dispone de acuerdo a las expectativas
sociales de las que somos objeto en torno a la vida familiar. Seremos
por tanto incorregibles, solterones, libres, en edad de merecer... Nos
ubica en absolutamente todos los ámbitos de la vida.

Y me pregunto, ¿son estas las ubicaciones que nos definen, las
coordenadas que nos dicen quiénes somos según el ámbito y el número que
se calcula, teniendo como marco el de otros números convencionales?
¿números que nos fijan a un período de tiempo X? ¿Cómo nos pueden
emplazar, si somos mucho más que un número?. Si ese número no dice nada
sobre nuestra historia, si la historia vivida no puede cuantificarse
nunca. Evidentemente los números nos emplazan a pesar de que no nos
definen... Pero, ¿cuántas veces son las herramientas con las que nos
someten, nos hacen 'encajar', nos definen y nos acometen?. Tristemente,
a menudo lo hacemos nosotros mismos. ¿Cuántas veces nos hemos deprimido
porque no hemos alcanzado lo que se supone que deberíamos haber
logrado? En ocasiones, la mirada de los otros en nosotros y la nuestra
propia... Nos puede, nos mata, nos atraviesa...

'¿Quién de ustedes, por mucho que se preocupe, puede añadir una sola hora al curso de su vida?' (Lucas 12:25)

Los años se completan, se llenan, se hacen, se celebran y en ocasiones
se sufren. En cualquier caso, bien podría ser un engaño del lenguaje;
que no fuera una quien los cumple, quien ejerce la acción de cumplir,
de llenar, de completar, de hacer, de celebrar el tiempo. De ser así se
podría dejar de cumplir, pero esa parece ser una opción imposible.
Aunque... Se podría dejar de festejar los años cumplidos. Escoger si se
quieren celebrar o dejar de hacerlo. Porque, ¿qué es lo que
celebramos?; ¿el tiempo que pasa? ¿la vida? ¿el recuerdo de la misma?
¿los tiempos pasados? ¿los futuros?
Tal vez lo que se celebra es el futuro y sus posibilidades; el hecho de
'estar siendo' y por tanto, en lugar de recordar, lo que podemos hacer
en un cumpleaños es celebrar un tiempo de ilusión o la ilusión de un
tiempo, del comienzo de un tiempo que es la posibilidad de iniciar,
arbitrariamente; porque no hay nada más arbitrario que un sistema que
mide, en este caso, con el 'metro' del tiempo; un tiempo nuevo. Un
tiempo de realidad, una realidad que es el camino por un sueño. Un
sueño que me hace suspirar, que me ayuda a seguir y me da el apoyo
necesario cuando el agotamiento puede conmigo.

miércoles, 1 de julio de 2009

Corolario

Estaba todo dispuesto, y su estrategia resultaba tan hermosa, tan perfecta en su aviesa intención, que aun disponiendo de medios fuera desalmado entorpecerla. Pero todas y cada una de mis inquietudes me impedían permanecer en ese paraíso  perfectamente dispuesto para mí.

Antes quizá me acercaba a ser  procaz en ideas e intrépida en objetivos. Anhelaba ser eterna. Ahora solo pienso y tan solo a veces.
El hombre es simbiosis perecedera de carne y aliento, y en él lo indestructible degenera hasta lo grotesco cuando lo caduco se resiste a la destrucción. Ahora soy un ser grotesco, porque vivo en un tiempo que no es el mío, porque he fracasado; porque condené al mundo con mi ingenuidad y atrevimiento. Si bien esta mezquindad mía ha permitido la existencia de sueños que se hacen imposibles. Ellos son la huella del avance, de la evolución del aprendizaje. La evolución que nos enaltece y nos consume, es una manzana en el paraíso o en la cabeza de un sabio. Soy antecedente que precede de una humanidad enjuiciada. Pero no pienso aquí justificarme ni discutir mi responsabilidad. Yo ya estoy perdida

Tras infernales noches insomnes de preguntas sin respuesta, gracia respondona que a modo de tanteo concede el optimismo.  ¿Qué ha de quedar de mí sobre el mundo?  ¿Qué hay que amar cuando todo se acaba? 

La memoria, entendida como prueba única de nuestra existencia. Y si no hay más mundo que el presente, si con la muerte se desvanecen los recuerdos, entonces la vida pierde todo sentido, y con ella la mayor fatalidad. Por el contrario, si todo ha de seguir vigente en la memoria, si en esencia hemos de seguir siendo lo mismo y los mismos en la memoria ¿qué sentido tiene morir?

Ahora sé que el hombre es esa simbiosis entre materia consciente y alma inerte que conocemos como vida, la crisálida de un ente que volará a los cielos. Nada más. El problema radica en la latencia de lo incorpóreo, en la potencia, que nos inclina a tomar afecto del efecto.

Sumida en un bucle vesánico de cuestiones sin sentido, inmersa en un murmullo de voces sin venero, estoy preparada para afrontar el hecho de  que sigo aferrada al sentimiento, al tiempo del deseo, a la pasión de vivir. Anhelando el retorno de los sueños de esperanza. Viviendo aferrada a la eternidad de la vida, con un sueño, con el diario precursor del pensar... Inmersa en ese mundo al que condené con mi ingenuidad y atrevimiento, pero dispuesta a perseverar.